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Lleva su magia al Victoria Espinosa la cantautora Lizbeth Román



En una noche llena de metáforas, Lizbeth Román llenó de magia el Teatro Victoria Espinosa. En dos días, la cantautora reunió a muchos de sus seguidores y amantes de la música de cantautor. Llegar al Teatro, encontrar tanta gente vibrante, expectante y diversa, daba una sensación de placer y gusto y único. Una escenografía con una cortina cónica hasta el techo en una esquina; Un árbol seco con una vela encendida en su tronco; Y todo ambiente de naturaleza en el cual la vida y la muerte plasmaban su belleza, auguraba una noche especial.


En cierto momento, se apagó la luz. En el centro del escenario, un personaje femenino con una capucha violeta y entre sombras comenzó a hablar mientras barajeaba las cartas del Tarot. Con un toque de paz e intensidad, hizo una lectura de las cartas que ciertamente tocó a cada cual. Al terminar, se volvió a apagar la luz, las siluetas de los músicos se veían tomando su lugar y se hizo la música. Luego de una breve introducción musical, Lizbeth fue traída a tarima cantando en la base en donde estaba el árbol seco empujada por un personaje fantasmal.


Con esa exquisita entrada, el concierto comenzó con la cantautora interpretando algunas nuevas canciones sentada junto a su cuatrista Eduardo Santana y teniendo de fondo una cortina que cambiaba de colores y en donde se proyectaban siluetas de formas que conversaban con las canciones. Luego de varias de sus interpretaciones, se apagó la luz y la cantautora apareció cerca del techo del teatro cantando y con cambio de ropa. Este cambio se caracterizó en que la cantautora pasara a cantar las canciones que el público ha hecho sus favoritas a través de los años.


Con toda ese misticismo y sentido mágico y metafórico en el aire, las versiones de sus canciones esa noche tenían un toque de intimidad y pasión que se sentía tanto en los arreglos musicales de su banda, así como en su voz y mirada. Entre muchas de éstas, contó historias con su única picardía. Varias de sus interpretaciones fueron acompañadas por participaciones teatrales del Colectivo Columpio dándole un toque poético al momento.


El concierto “Soy una Isla” de Lizbeth Román fue un manjar musical, visual, teatral, sensorial, en fin, de placeres. Su voz, el teatro, lo expuesto y sugerido, los arreglos, el escenario, la participación del Colectivo, el lugar, la gente, hicieron de esa velada una de esas que marcan a uno y que se necesitan varios días, semanas, meses para digerir y de las cuales ya no se vuelve a ser el mismo. Lizbeth es Isla y nos recordó que también nosotros lo somos en lo literal y metafórico…


Para ver nuestras fotos del concierto, pulsé aquí

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